OTROSUR

13/11/17 | | 0 comentarios

Volver a los pinceles

26/10/17 | | 0 comentarios

La página de Lauren Caddick.

Ein Mädchen geht an Land

17/10/17 | | 0 comentarios

Movie poster of the day, golosinas visuales.

Yuri Herrera, lectura de cumples

11/10/17 | | 0 comentarios

A él siempre le había parecido un milagro que la gente quisiera su compañía. En especial las mujeres, los hombres se arriman hasta a las piedras. Cuando comenzó a coger le costaba aceptar que la mujer en su cama no estaba ahí por equivocación. A veces se salía de su cuarto y se asomaba y se volvía a asomar, incrédulo de que hubiera ahí una mujer desnuda esperándolo. Como por qué. Con el tiempo descubrió que lo suyo era navegar con bandera de pendejo y luego sacar labia. Verbo y verga, verbo y verga, qué no. En una ocasión una muchacha le había confesado algo que Vicky, su amiga la enfermera, le había dicho como advertencia antes de presentarlos: «Míralo, y si no te gusta no hables con él porque te van a dar ganas de cogértelo». Lo mejor que habían dicho sobre él. No le importaba que luego no volvieran o que volvieran poco. No le molestaba ser desechable.

Fragmento de La transmigración de los cuerpos, Yuri Herrera. En la imagen, Sophia Loren.

Yuri Herrera, dos fragmentos

8/10/17 | | 0 comentarios

Ella estaba rozagante como calle mojada. Ésta podía ser la última mujer de su vida, se dijo. Siempre se lo decía porque, como todos, no tenía llenadera, y porque, como todos, estaba convencido de que se merecía coger una vez más antes de morir.

La Tres Veces Rubia se volvió hacia él y lo miró con cara de que le había dicho algo imperdonable. Lo observó temblorosamente por un par de segundos, luego lo jaló de la nuca y lo besó, le metió la lengua y la movió sobre la suya como reconociendo una posesión nueva, lo marcaba más que lo besaba, y él que ya venía tan acelerado no supo qué hacer, pero su mano izquierda, que ya había girado con la cintura de ella, y su mano derecha, que había quedado sobre su vientre, le emprestaron la voluntad que se le había mareado.

Fragmentos de La transmigración de los cuerpos, Yuri Herrera.

Silla, no me engañas

30/9/17 | | 0 comentarios

XIX

Silla, no me engañas,
estás ahí,
me espías.

Conoces mis debilidades
sabes lo que soy,
que pienso, que camino,
pertenezco a un género de bestia
que necesita a ratos
sentarse,
que soy mortal en suma,
estoy tocado,
que los dioses no requieren de sillas.

Silla, tú también cazas,
tú eres también la muerte,
contigo misma me domas
y te parapetas contra mí
como en el circo se hace con caducos
leones.
Pero yo lo sé, vigilo, duermo de pie,
bebo en la barra, estoy alerta.

Eduardo LIZALDE.

Un poema de Frank Báez

21/9/17 | | 0 comentarios

AUTORRETRATO

Rodé al año y medio por las escaleras
hasta el segundo piso.
A los seis casi me ahogo en una piscina.
A los siete me arrastró la corriente de un río.
Me golpearon con un palo, con la culata de un fusil,
con una tabla. Me propinaron un codazo en la cara
y otro en el estómago, rodillazos,
machetazos, fuetazos.
El perro del vecino me mordió un brazo.
Me cortaron una oreja haciéndome el cerquillo.
Noqueado. Abofeteado. Calumniado.
Abucheado. Apedreado.
Perseguido por sargentos en motor. Por dos cobradores.
Por tres mormones en bicicleta.
Por muchachas de Herrera y del Trece.
Me han atracado treinta veces.
En carros públicos. Taxis. Voladoras. A pie.
Alguien me dio una bola y me dijo I am gay.
Me robaron un televisor, un colchón,
seis pares de tenis, cuatro carteras,
un reloj, media biblioteca.
Se llevaron varios manuscritos y cometieron plagio.
(Con lo que me han robado pudieran abrir
una compraventa en Los Prados).
Me fracturé el brazo derecho, el anular,
la cadera, el fémur y perdí cuatro dientes.
El hermano Abelardo me dio un cocotazo que todavía me duele.
En la fiesta de graduación me cayeron a trompadas y botellazos.
Luego publiqué un libro de poesía y una vecina lo leyó
y escéptica dijo que era capaz de escribir
mejores poemas en media hora, y lo hizo.
Accidente con un burro en la carretera.
Intento de suicidio en Cabarete.
Taquicardia. Hepatitis. Hígado jodido.
Satanizado en Europa del Este. Pateado por mexicanos en Chicago.
En Montecristi una mesera me amenazó de muerte
(ahora mismo, clava alfileres en un muñeco idéntico a mí).
Los vecinos sueñan conmigo baleado.
Los poetas con dedicarme elegías.
Otros con rociarme gasolina en la cabeza
y arrojar un fósforo y ver mis rizos en llamas.
Otras con llevarme a la cama.
Y hace semanas un policía me detiene y me pregunta
si yo no era el poeta que había leído poesía
aquella noche y le digo que sí y el policía
dice que son buenos poemas
y hace una reverencia o algo así.

Un naufragio

13/9/17 | | 0 comentarios

Naufragio

Corro hacia la playa. Si las olas hubieran dejado sobre la arena un pequeño barril de pólvora, aunque estuviese mojada, una navaja, algunos clavos, incluso una colección de pipas o unas simples tablas de madera, yo podría utilizar esos objetos para construir una novela. Qué hacer en cambio con estos párrafos mojados, con estas metáforas cubiertas de lapas y mejillones, con estos restos de otro triste naufragio literario.
Ana María Shua.

Me estoy jugando la vida

9/9/17 | | 0 comentarios

«No estoy escribiendo para ningún lector, ni siquiera para leerme yo. Escribo para escribirme yo; es un acto de autoconstrucción. Aquí me estoy recuperando, aquí estoy luchando por rescatar pedazos de mí mismo que han quedado adheridos a mesas de operación, a ciertas mujeres, a ciertas ciudades, a las descascaradas y macilentas paredes de mi apartamento montevideano, que ya no volveré a ver, a ciertos paisajes, a ciertas presencias. Sí, lo voy a hacer. Lo voy a lograr. No me fastidien con el estilo ni con la estructura: esto no es una novela, carajo. Me estoy jugando la vida».
De Diario de un canalla/Burdeos, 1972, de Mario Levrero.

Cinefilia recomendada

6/9/17 | | 0 comentarios

Cinefilia malversa, buen cine para ver en línea.

Del final de Edén, el ritmo

1/9/17 | | 0 comentarios

EL RITMO

Todo es un ritmo,
desde el cerrarse
de una puerta hasta el abrirse
de una ventana.

las estaciones, la luz
del sol, la luna,
los océanos, el crecimiento
de las cosas,

la mente de los hombres,
íntima, que vuelve a ellos
otra vez,
creyendo que el final

no es el final, que vuelve
atrás el tiempo,
ellos muertos pero
con alguien por llegar.

Si estoy muerto en la muerte,
en la vida también
me muero, me muero...
Y las mujeres lloran y se mueren.

Los chicos crecen
hasta ser solo viejos.
El pasto se seca,
la potencia se va.

Pero se encuentra con otra
que vuelve, oh no la mía,
no la mía, y
a su tiempo se muere.

El ritmo que se proyecta
desde sí mismo continúa
doblegándolo todo con su fuerza
de la ventana a la puerta
del techo al piso,
luz al abrirse,
oscuridad al cerrarse.

Robert CREELEY.

La palabra coyote

30/8/17 | | 0 comentarios

Poética

Tras escribir en el papel
La palabra coyote,
Hay que vigilar
Que ese vocablo carnicero
No se apodere de la página,
Que no logre esconderse
Detrás de la palabra jacaranda
A esperar a que pase la palabra liebre
Y destrozarla. Para evitarlo,
Para dar voces de alerta
Al momento en que el coyote
Prepara con sigilo su emboscada,
Algunos viejos maestros
Que conocen
Los conjuros del lenguaje
Aconsejan trazar la palabra cerilla,
Rastrillarla en la palabra piedra
Y prender
La palabra hoguera para alejarlo.
No hay coyote ni chacal,
No hay hiena ni jaguar,
No hay puma ni lobo
Que no huyan cuando el fuego
Conversa con el aire.

De Biblia de Pobres (2009).
Juan Manuel ROCA.

Lecturas de un festivo: La uruguaya

21/8/17 | | 0 comentarios

Dos fragmentos de La uruguaya, de Pedro Mairal:

Necesitaba mi cono de sombra, mi traba en la puerta, mi intimidad, aunque sólo fuera para estar en silencio. Siempre me aterra esa cosa siamesa de las parejas: opinan lo mismo, comen lo mismo, se emborrachan a la par, como si compartieran el torrente sanguíneo. Debe haber un resultado químico de nivelación después de años de mantener esa coreografía constante. Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? Te volvés simétrico con el otro, los metabolismos se sincronizan, funcionás en espejo; un ser binario con un solo deseo. Y el hijo llega para envolver ese abrazo y sellarlos con un lazo eterno. Es pura asfixia la idea.

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¿Cuál era mi destreza? ¿Combinar palabras? ¿Armar frases elocuentes y expresivas? ¿Qué sabía hacer yo al fin y al cabo? Cada vez que gané guita en mi vida, ¿fue a cambio de qué? Juntar palabras en una hoja no me había dado mucha plata. Enseñar, un poco más, quizá. Mis clases en la facultad, mis cursos de redacción, mis talleres. El truco en los talleres era no intervenir demasiado, contagiar entusiasmo literario, dejar que la gente se equivoque y se dé cuenta sola, alentar, guiar, dejar que el grupo se mueva por su cuenta, que cada uno encuentre eso que está buscando y se conozca mejor. Algo así.

Los perdía, los buscaba...

13/8/17 | | 0 comentarios

"...que casi todas las cosas grandes que existen son grandes porque se han creado contra algo, a pesar de algo: a pesar de dolores y tribulaciones, de pobreza y abandono; a pesar de la debilidad corporal, del vicio, de la pasión."

"La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello; la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado."

"Los perdía, los buscaba, cansado y acalorado, por puentes y sucios callejones, y soportaba minutos de angustia mortal cuando, de pronto, aparecían en algún pasaje estrecho donde no había modo de apartarse."

"Un aparato fotográfico, cuyo dueño no apareció por ningún sitio, descansaba junto al mar sobre su trípode, y el paño negro que habían echado sobre él flotaba al viento.

Fragmentos de 'La muerte en Venecia', de Thomas Mann. Traducción de Martín Rivas.

Shepard, otro que se fue

6/8/17 | | 0 comentarios

 Crónicas de Motel (fragmento) / Sam Shepard

"Estaba prácticamente a mitad de camino entre San Francisco y Los Angeles. Parqueó el camión en la suave orilla de la Highway 5, pasó arrastrándose por debajo de una alambrada y se dirigió al pastizal de Harris. Más allá de los corrales encontró un campo abierto y se sentó en el centro con las piernas cruzadas. El áspero olor a ganado le inundó el pecho. El sol estaba poniéndose justo entonces tras los cerros de Coalinga, y dos anchas fajas de nubes anaranjadas se extendían por encima del Central Valley como un par de inmensas alas de halcón. Quería hablar consigo mismo pero se lo impidió la quietud del espacio. Se quedó escuchándolo. Un ave de rapiña nocturna. Mugido de reses. El bello gemido de un diesel Kenworth. Imaginó las dos ciudades simultáneamente, como si colgaran de los brazos extendidos de las nubes anaranjadas. Suspendidas. La pequeña San Francisco oscilando al norte: inocente, rica y un poco boba. Al sur, la reptante y demente serpiente de Los Angeles. Con su colmilluda boca abierta de par en par, los ojos encendidos, paralizada en un ataque de pura paranoia. Aquí es donde debía estar, pensó. Justo aquí. En medio. Aplastado sobre la panza de California, en un lugar desde el que podía verlas a las dos desde lejos. Podía vivir en los intestinos de este valle, y dedicarse a espiar el cerebro y los genitales. Un plan inútil. Las cosas empezaban a jalarle en ambas direcciones. Ya estaba en movimiento cuando sólo buscaba la quietud. Una enorme mano tiraba de él desde su espalda. Una mano sin cuerpo. Le jaló hacia arriba, remontándolo a muchas millas de altura por encima de la carretera. No resistió. Ya no tenía miedo de caerse. La mano penetró limpiamente a través de su espalda y se dirigió directamente al corazón. Se lo agarró. Sin apretarlo. Era un contacto de amor puro. Dejó que su cuerpo cayera y lo vio rebotar contra el suelo sin esperanza. Su corazón permaneció en lo alto, encogido en la palma de un gigantesco puño."

En el rincón de una habitación

4/8/17 | |

Aquí, Richard Mcguire. Descargar
"...Richard McGuire, cuenta la historia de todo lo que ha ocurrido en el rincón de una habitación a lo largo de cientos de miles de años. Supone la tan esperada materialización de una visión pionera en el mundo del cómic a cargo de uno de los más grandes innovadores del género."

Tú y las almas

3/8/17 | |

You

Tú apareces,
tú te desnudas,
tú entras en la luz,
tú despiertas los colores,
tú coronas las aguas,
tú comienzas a recorrer el tiempo como un licor,
tú rematas la más cegadora de las orillas,
tú predices si el mundo seguirá o va a caer,
tú conjuras la tierra para que acompase su ritmo a tu lentitud de lava,
tú reinas en el centro de esta conflagración
y del primero
al séptimo día
tu cuerpo es un arrogante
                                                      palacio
donde vive
                          el
                               temblor.

Rafael Cadenas.

Ahora que te fuiste, Jeanne Moreau

2/8/17 | |

Las bocas y los signos

1/8/17 | |

El amor empieza cuando se rompen...

El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.

Roberto Juarroz.

Alfred Hitchcock, el toque del maestro (The Master Touch)

31/7/17 | |

El desierto...

24/7/17 | |

"Era un olor familiar y amigo, y sin embargo, después de tanto tiempo, afloraba en él algo mezquino. Le recordaba, sí, los años lejanos, la dulzura de ciertos domingos, las alegres cenas, la niñez perdida, pero hablaba también de ventanas cerradas, de tareas, de limpieza matutina, de enfermedades, de peleas, de ratones."

"Entre tanto el tiempo corría, su latido silencioso mide cada vez más precipitado la vida, no podemos parar ni un instante, ni siquiera para una ojeada hacia atrás. «¡Párate! ¡Párate!», quisiéramos gritar, pero comprendemos que es inútil. Todo huye, los hombres, las estaciones, las nubes; y de nada sirve agarrarse a las piedras, resistir en lo alto de un escollo; los dedos cansados se abren, los brazos se aflojan inertes, nos arrastra de nuevo el río, que parece lento pero jamás se para."

Dos fragmentos de El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati.

Este silencio

20/7/17 | |

Calma

Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar tranquilo, inmóvil,

que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la brisa,

Se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez por la arenilla
de fuego,

la infinita
playa desierta,
de manera

que no acaba,
quizás,
este silencio,

nunca?

Eliseo Diego.